Hormona que produce la sensacion de hambre

Dentro del hipotálamo hay células nerviosas que, cuando se activan, producen la sensación de hambre. Lo hacen produciendo dos proteínas que provocan el hambre: el neuropéptido Y NPY y el péptido relacionado con el agutí AGRP. Muy cerca de estas células nerviosas hay otro conjunto de nervios que inhiben poderosamente el hambre. Producen dos proteínas diferentes que inhiben el hambre: el transcrito regulado por la cocaína y la anfetamina CART y la hormona estimulante de los melanocitos αMSH.

Estos dos conjuntos de células nerviosas inician y envían señales de hambre a otras zonas del hipotálamo. Por lo tanto, el hecho de tener ganas de comer o no depende del equilibrio de la actividad entre estos dos conjuntos de neuronas. El neurocircuito y la endocrinología que subyacen al hambre y la saciedad pueden representar el sistema mejor estudiado a este respecto.

Está claro que produce un equilibrio fisiológico en determinadas condiciones con estímulos regulares, como un ratón de laboratorio alimentado toda su vida con comida para roedores que produce un peso normal, y está desregulado en otras condiciones que contienen superestímulos, como cuando ese ratón es alimentado con una dieta alta en grasas y carbohidratos que produce obesidad. Las señales que codifican el hambre y la saciedad alteran el sistema de recompensa dopaminérgico del cerebro de múltiples maneras. En esta revisión, discutiremos los mecanismos por los que estas señales, principalmente los neurocircuitos hipotalámicos y los neuropéptidos en combinación con las hormonas periféricas, modulan la actividad dopaminérgica del cerebro medio para alterar la saliencia y el valor de la recompensa.

Al exponer estas pruebas, proporcionamos un sustrato para que futuras investigaciones examinen cómo los alimentos superestímulos, como la tarta de queso o la comida rica en grasas y carbohidratos, impulsan la llamada alimentación hedónica y producen obesidad. La relación entre el sistema de recompensa dopaminérgico del cerebro medio y los neurocircuitos hipotalámicos que gobiernan el hambre y la saciedad, en adelante denominados sistema de recompensa y sistema del hambre, es antigua. El patrón de expresión de los genes necesarios para producir la segmentación del cerebro en el mesencéfalo e hipotálamo del diencéfalo se produjo muy pronto en la evolución de los cordados 5, 6.

Tanto los receptores neuronales de la dopamina como los péptidos hipotalámicos relacionados con la alimentación y sus receptores asociados están presentes en la mayoría de los vertebrados y tienen funciones similares en todos los taxones 7-9. Dada esta íntima asociación, no es sorprendente que compartan una interdependencia fundamental. Por ejemplo, los ratones deficientes en dopamina dejan de alimentarse a las pocas semanas de nacer; la administración de l-DOPA revierte este fenotipo y restablece el crecimiento normal 10.

A la inversa, la eliminación de la orexina, un neuropéptido hipotalámico asociado al hambre, reduce la respuesta dopaminérgica a la cocaína 11. También producen una sensibilización o desensibilización cruzada; los ratones hambrientos y restringidos por la comida tienen una mayor respuesta y refuerzo a las drogas anfetamínicas o a la cocaína, que inundan el cerebro de dopamina, y las señales de saciedad, como la leptina, reducen el impulso de buscar la autoadministración de estas drogas 12, 13. Como se discutirá más adelante, los componentes hipotalámicos y endocrinos del sistema del hambre alteran la actividad del sistema de recompensa.

Para demostrarlo, primero presentaremos un breve resumen del neurocircuito del sistema de recompensa. A continuación, describiremos las distintas formas en que el sistema del hambre interactúa con el sistema de recompensa. La VTA y la sustancia negra pars compacta SNc se encuentran inmediatamente después del hipotálamo posterior, en el tercer ventrículo, y contienen la principal fuente de flujo de salida dopaminérgico hacia el resto del cerebro.

La SNc es más conocida por su papel en la vía nigroestriatal que regula el estriado dorsal en el movimiento, y la VTA por mediar en la saliencia, la motivación y el aprendizaje relacionado con la recompensa y la aversión 14, 15. La saliencia se refiere a la atención prestada al estímulo; un aumento de la saliencia significa que el estímulo, si se identifica, tendrá más probabilidades de atraer la atención del organismo. El valor del estímulo, ya sea gratificante o aversivo, se refiere a si un estímulo induce un comportamiento para adquirirlo o evitarlo, respectivamente 15.

Los estímulos gratificantes producen una valencia positiva cuando se adquieren y una valencia negativa cuando no se pueden adquirir; lo contrario ocurre con los estímulos aversivos 15. Las neuronas dopaminérgicas del ATV son los principales mediadores de la respuesta conductual a un estímulo gratificante o aversivo 16. No son uniformes en su actividad ni en sus objetivos de proyección y, por lo tanto, la activación de una neurona puede producir un resultado conductual sustancialmente diferente al de otra.

Esta es la razón por la que los estudios que evalúan la naturaleza gratificante de la dopamina a menudo se centran en las proyecciones del VTA al núcleo accumbens NAc específicamente; esto se discutirá más adelante. Sin embargo, se ha invertido mucho esfuerzo en dilucidar las formas en que las neuronas dopaminérgicas locales del VTA codifican la recompensa a través de las regiones cerebrales mediante la alteración del patrón de disparo, el aumento o la disminución de la frecuencia del potencial de acción y el objetivo de la proyección. La literatura es incompleta en este tema, pero la discusión de algunos de estos mec